Envenenamiento por E201-E219

Como había contado en la primera entrada de mi blog, mi camino rumbo al ejercicio empezó por el miedo a las consecuencias que el sobrepeso podría traerme, principalmente, la inabilidad de poder embarazarme cuando así lo deseara. Sin embargo, los radicales cambios alimenticios que hice en mi vida y la de mi familia no empezaron cuando empecé a ejercitarme sino unos meses después. La primera de las razones que me llevó a empezar a leer e instruirme en lo que debería estar comiendo fué porque con tanta salida a correr al bosque me la vivía con hambre todo el tiempo aún comiendo lo que yo consideraba ‘suficiente’. El hambre siempre me ha puesto de malas así que tenía que ver qué hacer para no ser una amargada diario. Empecé a investigar, con la ayuda de mi amigo Google, cómo llenar mi tanque de energía con comida real y a la vez seguir perdiendo peso de una manera sencilla y natural ya que nunca me gustaron las famosas malteadas ni barritas energéticas. Siendo yo toda una amante de la comida todas ésas cosas siempre me supieron a plástico y me dejaron un mal sabor de boca (literalmente). Ahora sé que es debido a los horribles substitutos de azúcar y otros químicos que contienen. Si todavía estás en plan de negación te invito a leer, por poner un ejemplo, éste artículo sobre las famosas malteadas Herbalife y éste otro sobre los ingredientes poco apetitosos de las barritas energéticas. Toma tiempo caer en cuenta de que cuerpo tenemos sólo uno y hay que tratarlo bien para que nos funcione bien por muchos años más.

Lista de ingredientes en "galletas" rellenas de "fresa". La Mami Saludable

Leyendo fué que empecé a despertar de mi coma de salud. Me empecé a dar cuenta que muchos de los productos que estaba consumiendo no sólo no me llenaban sino que muchos de ellos no aportaban nada a mi cuerpo nutricionalmente hablando. Empecé con cambios pequeños, sustituyendo los productos que consumía regularmente que no me estaban nutriendo: “cereales” de caja, pan comercial, margarina, “jugos” de concentrado de fruta, todos los productos que decían ‘light’; y empecé a comer de verdad, consumiendo avena naturalita, pan de grano entero untado con aceite de coco, una pieza de fruta fresca o jugos frescos hechos en casa cuando se me antojaban, grasas saludables y en porciones adecuadas.

Tostadas saludables para desayunar. La Mami Saludable

Los cambios empezaron poco a poco, y aunque a mi esposo nunca le gustaron algunas cosas, como el arroz integral, estuvo contento en unirse a mi nueva manera de vivir porque también él se estaba convirtiendo en runner y quería bajar la panza. El cambio positivo en nuestros niveles de energía lo sentimos casi de inmediato.

La segunda de las razones, de hecho la que nos volvió tan radicales en cortar todos los productos procesados, fué una comezón. Sí, una comezón. Pero una comezón que duró más de 15 años.

Cuando conocí a mi esposo, el Rey, hace ya  más de 10 años, noté después de que teníamos tiempo saliendo (habiendo pasada la famosa etapa de ‘quedar bien’ y solo mostrar lo mejor de nosotros jeje) que se rascaba mucho la cabeza, sobretodo inconscientemente. Al principio pensé que era una de ésos hábitos raros que todos tenemos pero un día me atreví a preguntarle si era que le ayudaba a pensar para no quedarme con la duda. Muerto de la pena me contó que de hecho tenía comezón en su cuero cabelludo por una condición de la piel que tenía que le habían diagnosticado hacía unos años atrás y que tenía su medicamento para ella pero que sentía que no le funcionaba. Le dije que aún así lo quería con todo y rascarse y le cambié el tema para que no se sintiera raro. El muy inteligente hizo cita una vez más con su doctor para ver si le podían cambiar la medicina, según él antes de que el hábito le espantara a la novia.

En el 2013, ocho años, cuatro médicos familiares diferentes, dos dermatólogos diferentes e infinidad de cremas, lociones, pastillas y medicamentos después, aún no habían logrado quitarle la comezón. Como recién nos habíamos mudado de ciudad aprovechó para investigar cuál era la mejor clínica dermatológica y allá fué a tocar la puerta y rogarle al dermatólogo que lo ayudara. Su problema era que tenía pequeñas bolitas bajo el cuero cabelludo que no sólo le causaban mucha comezón sino además mucha vergüenza porque su color rojizo hacía que lo miraran raro en cada peluquería que probaba (el Rey es muy quisquilloso con sus peluqueros).

Meses de tratamiento y más medicina después el dermatólogo estaba más que picado con el caso del Rey porque no había cosa que le quitara, ni siquiera que le disminuyera la terrible comezón. La prognosis del Rey pintaba muy mal hasta que por azares del destino su terco dermatólogo fué a una de esas conferencias de actualización sobre alergias en Londres y le cayó el veinte que tal vez la comezón del Rey no era lo que él pensaba sino una reacción alérgica. Regresó de su conferencia y le hizo una cita para exámenes a mi señor. Le picotearon toda la espalda con agujas, lo vendaron y lo dejaron tan colorido como un arcoíris pero con la esperanza en alto. Lo que no nos esperábamos era el resultado de la prueba. Resultó que el Rey era alérgico.

Pero alérgico a qué doctor, preguntó él. A muchas cosas, tantas que tiene que ir a una nutrióloga a que le explique exactamente qué y cómo manejarlo, le contestó el dermatólogo, pero pricipalmente al aspartame.

El aspartame es un endulzante artificial, utilizado en las refrescos de dieta/light y en más de 6,000 productos diferentes sin azúcar o “dietéticos”. Aunque oficialmente éste endulzante está permitido para consumo humano, hay estudios y expertos que demuestran lo contrario y lo ligan con incidencia de cáncer.

El Rey se quedó atónito. Y mientras tanto qué hago doctor? Le preguntó incrédulo. Leer etiquetas y comer alimentos no procesados, le contestó el dermatólogo.

Más atónito y en shock regresó el Rey después de su cita con la nutrióloga especialista en alergias quien le entregó un documento de 15 hojas, sí, QUINCE, describiendo todo lo que no podía consumir. Su alergia al aspartame era la punta del iceberg, aparte de ése endulzante artificial, el Rey resultó alérgico principalmente a los conservadores sintéticos (y algunos naturales), específicamente los números E201 al E219. No sé si tienes el hábito de leer etiquetas pero básicamente éstos conservadores están en casi TODO lo enlatado, conservas, productos pre-preparados, incluso en cosas que ni te imaginas, como algunos yogurts ‘naturales’, quesos, pan, marinados y salsas pre-empacadas, tortillas de harina, carnes frías, etc. etc. ETC. Para rematar, aparte del aspartame y los conservadores, a la lista de ingredientes no tolerados se le agregaba todos los ácidos cítricos (naturales y sintéticos) y una extensa lista de otros ingredientes químicos específicos.

Durante su cita de casi dos horas con la nutrióloga a mi esposo se le cayó la venda de ojos y se dió cuenta de su realidad. Estaba envenenado. Su consumo casi diario de ciertos alimentos (goma de mascar ‘sin azúcar’, refresco light, botanas pre-empacadas, carnes frías, por mencionar muchos de miles), así como su uso diario de productos de aseo personal (cierta marca ‘masculina’ de desodorante, gel para baño, crema corporal, hasta su shampoo y crema para afeitarse) le habían hecho destrozos a su sistema por AÑOS. Su cuerpo, saturado de toxinas, vivía en estado de ‘emergencia’ constante cual coche que necesita mantenimiento y nunca le puedes apagar el foquito del tablero.

Aunque en shock, el Rey llegó a casa motivado por la buena noticia: por fin sabía qué tenía, era curable y aunque requería mucha dedicación y muchos cambios a nuestra manera de vivir, no era imposible. Aprovechando la motivación del momento empezamos por limpiar la alacena de lo que quedaba de procesados y productos personales tóxicos y empezamos a vivir más naturalmente.

Al empezar a buscar alternativas para los productos personales que no podía usar el Rey nos dimos cuenta de la poca variedad de opciones que hay, ya que todo, TODO tiene químicos. El camino en cuanto a la comida no ha sido fácil porque las tentaciones de comida procesada están en todas partes, no sólo en el supermercado: en la oficina, en casa de amigos, en los lugares a dónde salimos a pasear o durante las vacaciones. También él es MUY antojado y a veces no respeta todos los ingredientes que no debe de consumir porque la verdad es que son muchos y muy difíciles de eliminar completamente.

Un par de meses después de la “limpia” de nuestro hogar al Rey, por primera vez en casi 15 años, le empezaba a disminuír la comezón en el cuero cabelludo. A la fecha, dos años después de su diagnóstico, dice que la comezón ya casi se ha desaparecido por completo. Lo que sí ya no tiene, para nada, es pena al ir al peluquero.

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Florencia la fértil

Quién me haya conocido en mis veintes sabrá que yo jamás pensé en convertirme en Mamá. Me chocaban los niños, que en su gran mayoría percibía yo como ruidosos, llorones, gritones, malcriados. Los aborrecía y los evitaba. En restaurantes si me tocaba cerca de una mesa con niños pedía cambio de mesa no sin antes darles a ésos mocosos ruidosos una mirada de bruja mala. En alguna ocasión le metí mi pié entaconado a un niño correlón cuya Madre lo había soltado como caballo bronco mientras esperaba a pagar el cable. No me juzguen, ya me tenía hasta la… coronilla.

Hay mujeres que se imaginan ser Mamás desde que son niñas, que arrullan sus nenucos, los acuestan los bañan, les cantan. Mujeres que esperan con ansia la llegada de su príncipe azul, casarse vestidas de blanco para proceder a reproducirse cual conejos, estudian mientras se casan, hacen carrera para nunca ejercer. No es crítica, es descripción, no se me alebresten, mi lema es que la vida es más bonita y más sana, haciendo cada quién lo que se le dé su gana. Pero digreso. Ésas mujeres maternales, con los ovarios latentes, ésa no era yo.

Yo crecí trepando árboles como niño, soñando con ser astronauta (fué un golpe del que nunca me recuperé cuando me enteré que México no tenía plan espacial buuuuuu), jugando fútbol, rebelándome contra los roles machistas que la sociedad (y mis Papás) querían para mí. Poniéndome tacones y mini-faldas, mucho lápiz labial y cortándome el cabello de todos los tamaños y pintándolo de todos los colores que encontré. Enamorada del amor, tuve novios por montón, novios los cuales mis Papás nunca aprobaron (de los que se enteraron, jejeje). Me fuí de fiesta con y sin permiso, me escapé de casa (para después volver), me fuí a vivir a otra ciudad aún en contra de la voluntad (protectora) de mis Papás. Yo quería irme de casa, estudiar en el extranjero, graduarme de la Universidad, conseguirme un buen trabajo y hacer carrera, vivir sola, tener un gato, comprarme tacones caros, viajar sola, viajar con amigas, viajar con mi novio, VIAJAR. Y lo hice todo, sin excepción – aunque no aguanté los gatos por mucho tiempo y los tuve que dar en adopción.

La cosquillita de ser Mamá no me entró sino hasta los treinta y tres y fue porque ya con esposo, trabajando, viajada y asentada (en otras palabras después de años enfiestada jajaja), me dió un no se qué de pensar que si no me decidía a tener hijos pronto tal vez ése tren se me fuera a ir y no sabía cómo sentirme al respecto. Habíamos pasado por unas épocas muy difíciles en pareja pero después de la tormenta llegó la calma y nuestro amor se había hecho más fuerte. Estábamos mejor que nunca, muy estables, muy enamorados.

El Rey – así le digo a mi esposo, (es una anécdota larga, para los curiosos se las dejo al final de ésta entrada de blog), el Rey, tres años mayor que yo ya andaba que se le quemaban las habas por ser Papá – aunque lo negaba rotundamente en público, en privado ya TODOS los días se las arreglaba para mencionarme algo sobre bebés y/o niños. Un día eran los ojitos que le había hecho un bebé en el tren, al día siguiente me recordaba lo viejo que se estaba poniendo y que no quería ser un Papá a los cuarentas, al otro era lo linda que era mi sobrina y que si no me gustaría tener una réplica mía en casa. Cada que lo hacía me daban escalofríos.

Había escuchado de mis colegas con niños un montón de historias de horror (que entonces pensaba que eran de horror, hoy me parecen normales jajaja) y las pláticas con mis amigas, todas sin hijos aún, siempre terminaban igual: no sabía si quería ser Mamá o no. Hasta que un día me cayó el veinte. Un día andando con una amiga nos sentamos en una banca en el parque. Minutos después llegó una señora a alimentar los patos del estanque con una bebé, al verlas a las dos felices y a la niña riendo emocionada, me pregunté a mí misma en silencio si al decidir no tener hijos podría vivir el resto de mi vida sin arrepentirme de ello. Para mi profunda sorpresa, la respuesta de mi yo interior fué un claro NO.

Así que un buen día siendo la control freak que soy por fin le dije que sí a mi Rey con la condición de que planificáramos a bebé. Sí, planificar. Yo quería un bebé compatible con nuestro carácter (aunque no creo en los horóscopos ni en el destino sí creo en astrología), no quería que por estar muy avanzado mi embarazo no pudiera viajar a ver a mi familia en Navidad y él no quería que naciera en verano (traumas de su niñez ya que su cumpleaños siempre caía en vacaciones de la escuela).  Así que planificamos, agendamos, nos preparamos físicamente (tomando ácido fólico, vitaminas prenatales, comiendo saludable) y reservamos boletos para tomarnos una segunda luna de miel en Venecia y Florencia, para escribirle la cartita a la cigüeña románticamente y con todo el tiempo del mundo. Mis amigas se rieron, mis Papás pensaron que estaba loca, mi cuñada me quiso bajar de la nube suavemente y me dijo que no siempre pasa a la primera y generalmente hay que intentar por mucho tiempo. Mi mejor amiga, La Loquilla, me creyó valiente.

La romántica Florencia de noche

La romántica Florencia de noche

La verdad no sé si fué el copioso vino, la ciudad tan romántica, que andábamos super relajados y super amorosos, que lo declaramos tantas veces ante Dios y el Universo o que de plano ya ése angelito ya tenía mucho esperando por éstos Papás tardíos o todo el conjunto pero, sin saber, bebé se nos concedió a la primera cartita.

Tres semanas después me desperté en la madrugada porque sentí algo. Me quise vomitar. Pero me aguanté. Como me aguanté me dió diarrea. Al siguiente día le platiqué a mi (ahora comadre) Tita. Me dijo que había sido el pescado de la cena y que dejara de estarme imaginando cosas. Cuatro días después entre risas y lágrimas de felicidad me salía positiva la prueba de embarazo.

Me emocioné, me ilusioné, me dió pánico. Me puse a leer todo lo que encontré en línea sobre el embarazo, a comprar los mejores libros sobre el tema, a bajar apps del embarazo en mi teléfono (les recomiendo la de Baby Bump, te dá información diaria de acuerdo al tiempo de embarazo, te deja subir fotos, llevar un control de tu peso, medidas e incluso hacer un diario, está en inglés). Por primera vez, en muuuuuucho tiempo, me puse a soñar.

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La anécdota de por qué J se convirtió en El Rey. 

Cuando empezamos a salir J empezó a tomar un curso de español, por eso de que según él ya se estaba preparando para conocer a mi familia el muy aventado. Un día me llama por teléfono queriendo practicar su español.
– Hello
– Hola mi amor
– Hola, quién habla?, le contesté intentando no reírme sabiendo que era él.
– Yo
– Yo quién?, le dije tratando de ponerlo nervioso.
– El Rey
– El Rey!?!?!?! El Rey de dónde!!?!? Le contesté yo con la sonrisa en la boca asombrada de que supiera y pudiera pronunciar correctamente la palabra Rey
– El Rey de Monterrey, me contestó orgulloso
Jamás supe por qué es que se le ocurrió llamarse a sí mismo Rey de Monterrey, jajaja, pero a partir de ése momento en todas las historias que le contaría a mis amigas sobre él, le llamaría El Rey. 

La señora del pelo blanco

Las clases de pilates con las que amenacé a mi Podólogo las encontré en un centro deportivo de esos a la antigüita.

El centro deportivo ‘Jack Slagman’ estaba situado a 6 cuadras de mi casa. El dueño, Jack Slagman, un ex-body builder de los 70’s, músculos ahora inexistentes, de pelo blanco y con tantas arrugas como perrito Sharpei, estaba siempre al frente de la recepción, cobrando la entrada, haciendo smoothies y platicando con su interminable séquito de admiradoras peli-blancas, algunas arrugadas, otras no tanto.

Me gustó el gym porque exudaba carácter, aún en su estado medio dilapidado, con su techo alto de más de 5 metros, telarañas aún visibles ya que ninguna limpieza había alcanzado llegar a molestarlas. El espacio para las clases comunales era muy original, situado en el segundo piso, con dos escaleras laterales de acceso, espejos de un lado y un balcón que daba a la recepción del otro. El grande espacio podía acomodar cómodamente a la treintena o más de viejitas y viejitos del vecindario más los jóvenes despistados, que como yo, habían ido a parar ahí por azares del destino (o flojera de ir a un gym más lejano). No había musculosos intimidantes qué impresionar, ni tipos de ésos raros que quieren ligarse a cada chica recién inscrita. Lo que me decidió, aparte de los horarios accesibles de pilates y yoga, fué el sauna privado en el vestidor de señoras, y la libertad con la que las Holandesas se vestían y desvestían sin pudor y sin mirar a las demás. Libertad.

La primera clase de Pilates que tomé en Jack Slagman me dejó sin aliento, con el ego herido y se encargó de derrumbarme las falacias que tenía respecto a la edad.

Clase Senior Fit, gimnasio Jack Slagman.  Fuente: puntzuid.nl

Clase Senior Fit, gimnasio Jack Slagman.
Fuente: puntzuid.nl

Había llegado a tiempo para la clase porque, en mi perfeccionismo innato, quería asegurarme de alcanzar el mejor lugar, justo frente a la maestra de Pilates para poder ver las posiciones sin bloqueos, ya que el espacio comunal donde se llevaba la clase no contaba con tarima para los instructores. En cuanto llegó la maestra le comuniqué mi condición física, que era corredora y que tenía el pie lastimado. Me prometió que la clase se llevaba a cabo casi 100% acostada en el piso y que el poco tiempo que permanecería de pie estaba segura no sentiría ninguna presión. Mientras esperaba que se llenara la clase sentada en mi toalla me quedé impresionada de cómo el promedio de edad de los participantes de ésta clase de Pilates era de 65 años. Casi me morí de la risa pensando en cómo iban a sobrevivir la clase éstos viejitos canosos llenos de arrugas. Una hora llena de estiramientos de piernas, patadas simples, dobles, laterales, posiciones en V, estiramientos de columna. Me sonreí pensando en la ventaja que llevaba por mi edad. Escuincla arrogante diría mi abuela Candita en paz descanse.

Dos minutos antes de iniciar la clase tomó su lugar a mi lado una señora peliblanca de unos sesenta y tantos años. La señora parecía salida de una revista de Vogue. Vestida con la usual ropa ajustada para hacer pilates, el conjunto negro con gris que traía le realzaba el juvenil y perfecto corte de cabello que llevaba justo bajo la barbilla. Sus músculos, duros, aunque escondidos bajo su arrugada piel, hubieran sido la envidia de cualquier mujer de cualquier edad. Guapísima, delgada, llena de porte, sonrisa a flor de piel, saludó a todas sus amigas y al acomodarse en su sitio, me sonrió. Le devolví la sonrisa pidiéndole a Dios y al Universo llegar a ésa edad viéndome como ella.

Empezó la clase, y con cada minuto que pasó, con cada instrucción de la maestra, mi evaluación inicial y juvenil de los participantes me empezó a remorder la consciencia (y el abdomen). A pesar de que yo consideraba estar en buena condición física gracias a mi aplicación para correr, mi respiración y la fuerza de mi abdomen me traicionaban con cada serie de ejercicios. Me quedaba sin aire y con el cuerpo temblando del esfuerzo mientras las “viejitas” (y viejitos!!!) a mi lado completaban las series sin chistar. Me sentí vieja, me sentí fuera de forma, me sentí impresionada. Pero lo que más me impresionó es que no le pude quitar la vista de encima a la señora del pelo blanco. Hacía los ejercicios modificados para hacerlos más difíciles como lo indicaba la maestra para los estudiantes avanzados mientras yo jadeaba y gruñía como bulldog inglés para terminar la serie en el modo “normal”. Mi quijada terminó en el piso al observarla casi al final de la parte más intensa de la clase, y antes de los ejercicios de relajación, cuando la maestra indicó hacer “la navaja”.

Para quien no está familiarizado con los términos de Pilates, la navaja es un ejercicio donde acostada con la espalda en el piso, se alzan las piernas hasta formar un ángulo de 90 grados con el cuerpo. Sin agarrar impulso y sólamente usando los músculos abdominales se despegan los glúteos del piso dejando a las piernas guiarse hacia el techo, para después guiarlas hacia nuestra cara y estirarlas más allá de nuestra cabeza hacia atrás, a modo de navaja Suiza. Como si fuera poco, para terminar el ejercicio hay que bajar de la manera que se subió, o sea, regresar las piernas hacia adelante, direccionarlas hacia el techo y bajar los glúteos L E N T A M E N T E para terminar de bajar las piernas al piso. 5 repeticiones. Cosa seria.

Quisiera poder escribir que aunque no lo pude hacer bien, hice el ejercicio… pero no puedo. No pude. Despegar mi gran trasero del piso me fué imposible. Parecía como si me pesara 10 kilos. Probablemente me pesaba 10 kilos. Ni esfuerzos ni gruñidos ni rogarle a mi abdomen mentalmente que me ayudara a levantar el butt me dieron resultado así que aproveché las cinco benditas repeticiones para descansar ahí tirada, recobrar el aliento y sentirme chinche al observar a TODOS los viejitos a mi alrededor hacer las 5 navajas sin chistar. Creo que les dí pena ajena. Todos las hicieron fabulosamente bien, pero la señora del pelo blanco hubiera ganado un premio si ésto hubieran sido olimpiadas y no una clase de Pilates en un vecindario cualquiera. Completó sus repeticiones con una gracia, con una sonrisa en la boca y SIN sudar. Yo, en comparación parecía caballo después de carrera. Se dió cuenta que la observaba y me guiñó un ojo. Señor, te prometo lo que quieras si me dejas ser como ella cuando sea grande, pensé.

Al termino de la clase no pude más que acercarme a la señora a profesarle mi admiración, respeto, y pedirle me compartiera su secreto para volverme una Master como ella. Su sencillez y respuesta me sorprendieron.

Lo único que necesitas es venir a la clase, me dijo simplemente. No necesitas nada más.
A ésta clase nada más? Supongo que usted va a clase diario, o a otro curso de avanzados?, le contesté sorprendida.
Ahora lo hago, hago clase de pilates dos o tres veces por semana pero hace cuatro años, cuando empecé con Pilates por primera vez sólo venía a ésta clase. Empieza con ésta y ya que puedas integrarla a tu horario y veas los resultados te motivarás y empezarás a hacer tiempo para atender más sesiones. 

Wow, había empezado apenas hace cuatro años. Increíble. Su respuesta me motivó y a partir de ése momento empecé a ir a la clase sin falta, en ocasiones aún contra viento y marea (a veces literalmente peleando contra el viento y la lluvia montada en mi bicicleta). Un mes después ya respiraba sin esfuerzo al hacer los ejercicios. Dos meses después ya podía completar las series. Cuatro meses después ya podía hacer las cinco navajas. Nunca como la señora de pelo blanco, claro está.

Con los pies en el tierra

El siguiente Viernes que regresé por mis plantillas el señor Brouwer me recibió con una sonrisa bastante irónica para mi gusto, ya más recuperada del shock? me preguntó mirándome por encima de sus gafas, detrás de su escritorio.
Ya, le contesté yo sin una pizca de humor. No puede usted esperar que alguien a quien se le informa que su estilo de vida tiene que cambiar radicalmente por los siguientes tres meses reaccione tranquilamente señor, agregué.
Lo sé, pero me dá gusto ver que ya está más tranquila y ha aceptado sus circunstancias
De cierta manera, pensé para mí.
Aquí le tengo sus plantillas, me muestra los zapatos que se compró para probárselas?
A lo cual procedí a ponerle en su escritorio mis 3 nuevos pares de zapatos: unos tennis nuevos para correr para motivarme y recordarme diario que yo iba a volver al bosque; un par de botas cortas de gamuza muy de moda de una marca especial para acomodar plantillas; y un feo par de zapatos negros de piel con amarre en el tobillo de 2 cm de tacón (lo máximo que me había permitido el Sr. Brouwer en las instrucciones) par de zapatos aburridos, sin personalidad, de esos de holandesa pasada de moda, pero desafortunadamente para mí, muy necesarios para mi trabajo. El Sr. Brouwer me levantó una ceja.
Éstos no son como los zapatos que le mostré la semana pasada señora, me dijo alarmadamente
No, no lo son señor pero cumplen todas sus instrucciones, qué no? Usted me dijo: no se deben de doblar fácilmente de la suela en el punto medio del pie, sólo del area de los dedos, la suela no debe de ser de piel sino de caucho amortiguante, deben de permitir el uso de plantillas ortopédicas, no lisos, con ligero tacón pero de no más de 2 cm de tacón… y los tres lo cumplen.
Silencio.
Usted pensó que por llorar no lo estaba escuchando señor, pues no, tal vez no se notó pero escuché con atención todo lo que usted me dijo y seguí sus instrucciones al pié de la letra. Revise los zapatos y dígame si no es así.
Supongo que tiene usted razón señora, me contestó regresando a su tono bonachón después de inspeccionar los tres pares de zapatos detenidamente, probar doblarlos de en medio y de la punta y de darles ligeros golpecitos en la suela.
Sin problema alguno introdujo las plantillas en los tres pares de zapatos (fiuuuuuu), me los probé y todos me quedaban bien aunque algo ajustados de la base del pié, cosa a la que había que acostrumbarme. El Sr. Brouwer me preguntó si tenía preguntas.
Sí señor, le contesté yo sacando un papelito con mi lista. La vez pasada me tomó por sorpresa la noticia pero he tenido una semana para pensar qué voy a hacer al respecto de mi situación y he decidido que mi pie tendrá la recuperación que necesita… a mi manera.
Ok, me contestó sorprendido.
Usted me dijo que eran 3 meses sin correr. A los 3 meses puedo regresar a correr entonces?
Eso no lo podemos saber señora, dependerá de qué tanto haya sanado su pie. Lo que sí le puedo adelantar es que SI su pié está los suficientemente recuperado podrá regresar a correr SI empieza usted desde cero. Todo depende de qué tan fielmente siga usted mi recomendación, tenga el reposo requerido, use sus plantillas, no le ponga presión al pié… 
Ok, entendido entonces veremos en 3 meses. Mi siguiente pregunta, usted me dijo que mi pie necesita reposo.
Así es
Que no debo estar parada mucho tiempo, que no debo caminar por largos periodos, ni usar mi bicicleta para hacer deporte sino estrictamente como medio de transporte y para distancias cortas.
Efectivamente
Entonces el ejercicio no está prohibido
Señora pensé que le había quedado claro…
Termine de escucharme, entonces puedo hacer ciertos ejercicios mientras no sea estando de pié.
Se me quedó viendo como si hablara yo en Chino.
Verá Señor Brouwer, hay ejercicios de piso, como por ejemplo Pilates, para los cuales no se requiere estar de pie. En Yoga también hay muchas posiciones que tampoco requieren estar de pié ni poner nada de esfuerzo en él. Así que asumo que mientras no estrese yo mi pié puedo hacer ése tipo de ejercicios, cierto?
Ustedes nuevas generaciones y sus nuevos ejercicios, en mis tiempos le llamábamos ejercicio a andar en bicicleta, a salir a caminar, a ir a jugar futbol. Pero sí, supongo que tiene razón, puede tener actividad física siempre y cuando no le ponga presión al pié.
BINGO! Había encontrado la manera de sobrepasar mi limitante realidad.
Salí de la consulta feliz incluso sin los tacones. El saber que había maneras de mantenerme haciendo ejercicio y seguir mi plan de desaparecer los kilos extras me puso de tan buen humor que ni meter mis 25+ pares de zapatillas de tacón en cajas por tiempo indefinido me puso triste.
Ése mismo día empecé a buscar clases de pilates en mi vecindario, a buscar mi zen.

3 remedios caseros para la descongestión nasal de bebé

El camino de ser Mamá está lleno de veredas sin caminar. Una de ellas es la primera vez que nuestros hijos se enferman. La primera vez que Valentina se me resfrió, por ahí de los 8 meses, andaba que me llevaba el tren como decimos en México. Y cómo no si cuando los bebés pequeños se congestionan de la nariz lo único que pueden hacer es pedir los brazos de Mamá toda la noche ya que el mantenerse en forma vertical los ayuda a poder respirar, y la Mamá… pues la Mamá que aguante.

La verdad es que uno de Mamá primeriza nunca está preparada para que el bebé se enferme. Y mucho menos cuando uno está lejos de casa, a un océ  ano de distancia y no quiere despertar a la propia Madre a las 3 a.m. a preguntarle qué hacerle a bebé para que respire mejor.

Después de aventarme 2 horas en Google y checar lo que se sintió como un millón de sitios web en cuáles son los mejores remedios caseros para ayudar a un bebé a descongestionarse, probé varios de ellos y encontré 3 remedios al alcance de tu mano y EFECTIVISIMOS para ayudar a respirar otra vez a tu bebé.


1. Vaporizaciones en la ducha.
3 tips para la descongestión nasal de tu bebé. La Mami SaludableA riesgo de que Greenpeace o sus simpatizantes vengan a poner quejas a mi blog por despilfarro de agua te tengo que compartir éste tip. Todos sabemos que las vaporizaciones (con agua hirviendo y una olla con hierbas o aceites esenciales) son muy efectivas para descongestionar a los adultos. La pregunta es cómo hacer ésto para los bebés pequeños!? Incluso en mi desesperación jamás se me ocurrió poner a mi bebé de 8 meses cerca de una olla con agua hirviendo bajo una toalla, demasiado riesgo de quemaduras y un accidente en potencia! Pero lo que  puedes hacer es convertir tu baño en un cuarto de vapor (con el debido boiler o calentador de agua potente). Simplemente deja el agua caliente de la regadera correr, lo más caliente que se pueda, por lo menos por 10 minutos para que el cuarto de baño se llene de vapor. Lleva a tu bebé contigo al cuarto de baño y arrúllale ahí por lo menos por 15 minutos (ya sabrás tú si lo haces con el agua corriendo o le cierras la llave a la ducha si ya no puedes ver ni tu nariz por el vapor). Funciona como magia (menos mágicamente si tu bebé está extremadamente congestionado). Si tu bebé está muy congestionado te recomiendo hacer ésto por lo menos 2 veces al día (una de ellas antes de dormir!). Compensa el despilfarro de agua tomando tú duchas más cortas o lavando tu coche menos seguido ése mes, por ejemplo.


2. Un trapo con 3 gotas de aceite de Eucalipto.

3 tips para la descongestión nasal de tu bebé. La Mami SaludableEn mi casa tengo un inventario permanente de aceites esenciales ya que a mi familia prefiero ayudarla a curarse de manera natural. Entre mis aceites figura el aceite esencial de eucalipto que es excelente para abrir la vías respiratorias. Sin embargo, a los bebés NO se les debe de poner aceite de eucalipto en contacto directo con la piel ya que es muy irritante. Y muchísimo menos dárselo oralmente, lo puedes intoxicar! Lo que sí puedes hacer es ponerle 2 o 3 gotitas de aceite esencial de eucalipto a un trapito y ponérselo cerca de la nariz a tu bebé. OJO, dije cerca de la nariz, no en contacto directo con la piel (recuerda que el eucalipto es irritante y la piel de tu bebé muy sensible).


3. Humidificar la habitación. 

3 tips para la descongestión nasal de tu bebé. La Mami SaludableEl principio básico es que en un ambiente seco tu bebé tendrá más dificultades para respirar estando congestionado/a, así que tu objetivo debe de ser mantener el ambiente de la habitación de tu bebé húmedo. Si como a mí, el resfriado de tu bebé te agarra a media noche, te será imposible salir a comprar un aparatito humidificador/vaporizador de ésos eléctricos chulísimos que generalmente cuestan una fortuna. Pero estoy segura que en tu casa tienes una olla, una maceta o ya de plano una toalla extra, qué no? Cualquiera de las tres te sirve para humidificar la habitación donde duerme tu bebé. Simplemente pon agua en una olla o maceta cerca de la cuna de tu bebé, fuera de su alcance, por supuesto. Otra opción es mojar una toalla y exprimirla bien para quitarle el excedente de agua. Cuelga la toalla húmeda cerca de la cuna de tu bebé fuera de su alcance (recuerda que todo accesorio, colcha u objeto de tela, puede asfixiar a tu bebé!). Cualquiera de éstas opciones ayuda mantener el aire húmedo y ayuda a tu hijo/a respirar mejor.

Té Helado con Jengibre y Lima

Calorcito? Nada más rico que un té helado refrescante y saludable para quitarnos el calor!

En vez de tomar refrescos (llenos de azúcar y químicos!), “aguas de sabor” o té helado en polvo porqué no hacer mejor una bebida sana? Si mantienes los ingredientes a la mano es igual de rápido, mejor para tu salud y la de los tuyos.

Ésta es una de mis recetas preferidas porque contiene 2 super ingredientes:

1. Limas (o limones dependiendo dónde vivas!). Las limas es uno de los alimentos altamente alcalinizantes, excelente fuente de vitamina C que ayuda a tu sistema inmunológico, buena fuente de calcio, fósforo y potasio y además ayuda al sistema digestivo.

2. Raíz de Jengibre. Uno de los ahora denominados “super ingredientes”, el jengibre tiene compuestos anti-inflamatorios, es ayuda al sistema digestivo, es expectorante, ayuda al sistema circulatorio… entre muchos otros beneficios a la salud.

Haz una jarra grande para compartir y vé como desaparece en cuestión de minutos.

Té Helado con Jengibre y Lima
Rinde: 1.5 litros
Tiempo de preparación: 5 minutos 

INGREDIENTES
– 3 cucharaditas de hojas de té negro (o verde) si así lo prefieres. Puedes usar té de bolsita si quieres, en ése caso usa 3 bolsitas;
– 2 limas o limones amarillos, como le llamen en donde vivas. De preferencia orgánicos;
– 3 cm de raíz de jengibre fresco, pelado y rebanado en rebanadas delgadas;
– 2 tazas de agua hirviendo;
– 1 litro de agua;
– Hielo;
– Opcional: Miel u otro endulzante al gusto.

Receta de Té Helado con Jengibre y Lima. La Mami Saludable
Receta de Té Helado con Jengibre y Lima. La Mami Saludable

 Infusor de té

INSTRUCCIONES

En una jarra de barro o vidrio grueso agrega las 2 tazas de agua hirviendo pon a remojar el té negro o verde (en un infusor de té de metal) , déjalo remojar por 3-5 minutos dependiendo qué tan concentrado lo quieras y remueve el infusor.

Agrega el jenjibre al agua hirviendo con la infusión de té. Mientras tanto corta una lima por la mitad y agrega el jugo a la infusión de té y jenjibre. La otra lima rebánala en rebanadas delgadas y agrégalas a la infusión.

Si así lo prefieres agrega el endulzante de tu preferencia – aunque también sabe muy rico así solito.

Agrega agua y hielo al gusto. Sirve frío.

Receta de Té Helado con Jengibre y Lima. La Mami Saludable

La despedida de los tacones

Mi mayor error al regresar al camino del ejercicio a finales del verano del 2012 fué uno que muchos deportistas amateurs cometen – intentar regresar al punto cúspide del deporte habiendo dejado de entrenar por un tiempo. En otras palabras, reverendo momento de estupidez selectiva de sentirme mujer maravilla que resultó en una verdadera catástrofe.

Cuando me senté a planear mi batalla contra el sobrepeso tomé más en cuenta el número de veces a la semana y el tiempo que debía correr para poder quemar las calorías que el estado de mi cuerpo en ése momento. Disfrutaba tanto correr en el bosque ésas dos veces por semana y el correr cada vez un poco más lejos me llenaba tanto de orgullo que ignoré por completo la obvia señal de una lesión, el dolorcito en el pie izquierdo que empezó un día y que ya no se quitó más. El dolorcito, al paso de las semanas y meses de presión se volvió SEÑOR DOLOR. Méndigo.

Aunque no lo noté al principio, desde el comienzo el dolor me hacía correr diferente, compensar mi peso y movimiento de otra manera. Tan descuadrada empecé a sentirme seis meses después de empezar con la molestia que tuve que ir a visitar a mi fisioterapeuta ya que los dolores que sentía en la pierna, al correr, me llegaban hasta el gluteus maximus (la nalga pues). Veinte minutos después salí de la consulta menos descuadrada pero más consternada ya que en la revisión de mis achaques el fisioterapeuta me había detectado el dolor en el pie y me recomendó hacer una cita de inmediato con un podólogo conocido de él.

Tres días después me encontraba en la oficina del podólogo, el afable y cachetón señor Brouwer, acompañada de mi esposo por eso del apoyo moral. Su oficina, un pequeño lugar en un centro médico cualquiera, tenía todos los indicios que ésta visita no pintaba nada bien, plantillas de soporte aquí y allá, una cajita transparente con espejo al fondo en una esquina para observar pies desde abajo, y unos estantes llenos de zapatos ortopédicos horripilantemente pasados de moda me dieron una ominosa bienvenida.

Después de responder a las condenantes preguntas de rutina: Platíqueme, Qué siente? Dónde? Cuándo empezó? Porqué? Que corre cuánto? En cuánto tiempo? Dígame señora, qué tipos de zapatos usa? Tacones de diario?! Qué tan altos? De cuántos centímetros dice?!?; de hacerme sentir muy consciente de mi postura (camínele para aquí, para allá, déjeme ver cómo pisa, súbase aquí a ésta cajita); y de hacerme casi gritar del dolor al presionar con fuerza el punto medio del arco de mi pie izquierdo el afable Dr. Brouwer pasó de ser podólogo a verdugo.

Verá usted señora, me dijo agarrando un modelo de pié de plástico y empezando la demostración con paciencia, aquí en el centro del arco de su pie está un muy pequeño pero importante músculo. Por sus molestias todo parece indicar que con la fuerte presión al correr el músculo se ha desgarrado y usted, con sus tacones, terminó de rematárselo.
Me quedé fría.
Por lo que puedo sentir su daño no es tan severo pero se puede empeorar si no empieza a tratarse desde ahorita.
Oookey.
La única manera de sanar un desgarre es no dejar que el músculo haga tanto esfuerzo. Afortunadamente para usted no necesita dejar de caminar,
!
pero necesita plantillas ortopédicas para darle soporte a su arco,
!!
dejar de correr
!!!!
y dejar sus tacones
!!!!!!!
por lo menos por tres meses
!!!!!!!!!!!!!!!!!
No me moví, no pestañee. Mi esposo me tomó la mano. Por un momento dejé de respirar. Quién era éste hombre?! Seguro un charlatán! Cómo que suelas ortopédicas, cero correr, CERO TACONES!?!?!
Estás bien amor? me preguntó mi esposo. A lo que por fín reaccioné y abrí la boca para contestarle al tipo ése que cómo era posible!? Cómo que dejar de correr pero si yo soy deportista, estoy tratando de bajar de peso, cómo cree que voy a tener que dejar mis tacones por 3 meses, si yo tengo un trabajo de oficina, tengo juntas internacionales que atender, yo no puedo ir a Bruselas al evento de desarrollo más grande de Europa en zapatos de piso.
Zapatos tipo ortopédico, me corrigió el Sr. Brouwer, porque las plantillas no caben en los zapatos de piso y esos tampoco son buenos para los pies, mucho menos para el estado de su pie ahorita.
Pero díganos Sr. Brouwer, intervino mi esposo consternado antes de que me levantara a intentarme salir del consultorio, cuáles son las consecuencias si mi esposa rehusa tratamiento? (hombre inteligente el mío)
Que el desgarre no sane y su dolor se vuelva crónico por malformación de su músculo. Si no se cuida ahora no podrá caminar más sin dolor, tendrá problemas con su postura por compensación de ello y jamás podrá volverse a poner tacones, por el resto de su vida, no es que lo diga yo, simplemente no los aguantará.
Me quedé pegada a la silla en estado semi-catatónico al empezar a procesar que ésto era serio. Las únicas palabras que me salieron de la boca fueron: entiendo, dígame qué tengo que hacer.

Los siguientes minutos quedaron borrosamente grabados en mi memoria por culpa de las gruesas lágrimas que me empezaron a correr por las mejillas a cántaros. Hasta los sollozos se me salieron, no los pude contener. Catástrofe cataclísmica para mi mundo, nada de tacones por tres meses. Bueno, también me quedé sin poder caminar o estar parada por periodos prolongados, mucho menos correr. Tan bien que iba, para entonces corría ya cerca de 7.5 km. Eso y la pérdida de los tacones fue lo que más me dolió.

Mientras seguía yo derramando lágrimas cual niña, el Sr. Brouwer procedió a tomarme las medidas necesarias para las plantillas ortopédicas, mostrarme su selección de zapatos tipo Frankenstein y a compartir conmigo una larga lista de los requisitos que debían tener los zapatos tipo ortopédico. Las plantillas estarían listas en una semana, al recogerlas y probármelas para ver su correcto funcionamiento el Podólogo me pidió regresar con por lo menos un par de zapatos apropiados para ellas.

El llanto me duró todo ése día pero ya para en la noche mi vocecita ya me había terapeado lo suficiente: ocúpate en vez de estar de llorona. No es el fin del mundo. Sigue las instrucciones que te dió el Sr. Brouwer para seleccionar los zapatos y vete de compras. No necesitan ser tan feos, qué no?

Al día siguiente ya tenía unas excelentes ideas.

Dos días después ya tenía una nueva actitud.

Tres días después un plan.